Miguel Villafruela
Tres discos para saxofón



Saxofón en Concierto.

Compositores Chilenos 1988-1998. Ministerio de Educación, Fondo de Desarrollo de las Artes y la Cultura (FONDART), Santiago de Chile, 2000. DDD, duración total 69:40

Juan Orrego Salas: Partita op. 100 (1988) para saxofón alto, violín, violoncello y piano. Miguel Villafruela: saxofón alto, Jaime de la Jara: violín, Patricio Barría: violoncello y Cirilo Vila: piano/ Fernando García: Retrospecciones (1993) para voz, saxofón alto y piano. Textos: Vicente Huidobro. Rosario Cristi: voz, Miguel Villafruela: saxofón alto y Clara Luz Cárdenas: piano/ Carlos Silva Vega: Entorno II (1997) para saxofón soprano y cinta. Miguel Villafruela: saxofón soprano/ Hernán Ramírez: Divertimento op. 107 (1997) para cuarteto de saxofones. Cuarteto de Saxofones Villafruela/ Gabriel Matthey Correa: Siete Estudiantinas (1996), para saxofón alto. Miguel Villafruela: saxofón alto/ Aliocha Solovera: Contraluz (1998) para saxofón y percusión. Miguel Villafruela: saxofón barítono y alto, Carlos Vera y José Díaz: percusiones/ Mario Mora: Sax (1995) para saxofón alto y cinta. Miguel Villafruela: saxofón alto/ Andrés Ferrari: Zuytt (1998) para cuarteto de saxofones. Cuarteto de Saxofones Villafruela.


Saxofones en Latinoamérica.

Ministerio de Educación, Fondo de Desarrollo de las Artes y la Cultura (FONDART), Santiago de Chile, 2000, DDD, duración total 59:14

Lino Florenzo (Francia): Sudamérica. Suite para cuarteto de saxofones / Arturo Márquez (México): Portales de madrugada. Danzón para cuarteto de saxofones/ José Antonio García (Cuba): Zapateo Franco para cuarteto de saxofones / Paquito d'Rivera (Cuba): Wapango para cuarteto de saxofones/ Aldemaro Romero (Venezuela) : Preludio y Quirpa para cuarteto de saxofones/Jean Pierre Karich (Chile): Tres aires latinoamericanos para cuarteto de saxofones / Guido López Gavilán (Cuba): ¡Qué Saxy! para cuarteto de saxofones/ Víctor H. Scaruzzo (Argentina): A mi padre, milonga para cuarteto de saxofones; Danza argentina, aire de gato para cuarteto de saxofones / Luis Advis (Chile): Cinco danzas breves para cuarteto de saxofones.

Intérpretes: Cuarteto de Saxofones Villafruela. Miguel Villafruela: saxofón soprano; Cristián Mendoza: saxofón alto; Rodrigo Santic: saxofón tenor; y Alejandro Rivas: saxofón barítono. Director: Miguel Villafruela.


Secuencias

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Saxofones y Percusiones.

Facultad de Artes, Universidad de Chile, Departamento de Investigación y Desarrollo de la Universidad de Chile (D.I.D.), Santiago de Chile, 2001. DDD, duración total 58:33

Eduardo Cáceres: Orión y los 4 jinetes para saxofón tenor y percusión (2000) / Juan Orrego Salas: Secuencias op. 120 para saxofón alto y percusión (2001) / Alejandro Guarello: Vikach I para saxofones y percusión (2000) / Carlos Zamora: Tres movimientos para saxofón tenor y percusión (2000) / Tomás Lefever: Trayectoria para saxofón alto y percusión (2000)/ Fernando Carrasco: K.V.C. para saxofón alto y marimba (2000)

Intérpretes: Miguel Villafruela: saxofón; Rodrigo Kanamori: percusión.


Habitualmente en esta sección de Resonancias los comentarios de grabaciones incluyen un breve análisis de obras, sin embargo, por referirnos a tres fonogramas, que suman veinticuatro composiciones, en esta oportunidad hemos optado por cincunscribirnos a una reseña.

La llegada a Chile en 1993 del saxofonista cubano Miguel Villafruela ha significado una verdadera inyección energética para la interpretación de este instrumento y también para la creación. Docente en la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, desde su arribo, y en el Instituto de Música de la P. Universidad Católica a partir de 1999, ha materializado parte de su trabajo en tres discos compactos producidos en sólo dos años.

Prueba concreta de la convocatoria que este intérprete ha logrado entre los creadores chilenos la constituye el contenido de las grabaciones: entre los tres CD, quince de dieciséis obras fueron escritas a petición personal o bien dedicadas a Villafruela. Además, proporciona una muestra de compositores de música de concierto, ya formados, de casi todas las generaciones activas, lo cual contribuye a dar a conocer al auditor un abanico amplio de propuestas estéticas.

Tanto Saxofón en Concierto como Secuencias reunen exclusivamente a creadores nacionales, mientras que Saxofones en Latinoamérica incluye a latinoamericanos y a un francés. Complementando cada CD, el compositor Fernando García se encargó de elaborar notas explicativas.

En Saxofón en Concierto el instrumento que hace honor a su título se encuentra solo o en combinación con otros. Contiene música estrenada tanto en conciertos como en festivales de música contemporánea efectuados en diversos escenarios de Santiago y cuya data de composición fluctúa entre 1993 y 1998, a excepción de una obra de Juan Orrego Salas de 1988.

En este CD confluyen diferentes propuestas composicionales. La Partita op. 100 (1988) para saxofón alto, violín, violoncello y piano de Juan Orrego Salas refleja claramente la orientación neoclásica de su producción. Retrospecciones (1993), de Fernando García, son cuatro canciones sobre textos de Ultimos Poemas de Vicente Huidobro. Breves y de gran expresividad, reflejan su lenguaje característico, donde elementos aleatorios, confiados a los ejecutantes, y partes seriales dodecafónicas forman parte del discurso musical. En Contraluz (1998), Aliocha Solovera realiza un fino trabajo de color. El saxofón barítono y alto, ejecutado por Villafruela, junto al rico grupo de instrumentos que conforman la percusión se equilibran en las diferentes secciones que contrastan tanto en textura como en carácter expresivo. El más joven de los compositores, Andrés Ferrari, estructura Zuytt (1998) en cuatro movimientos que contrastan en carácter -como en la suite-y en los cuales explota la variedad de posibilidades sonoras que ofrece el cuarteto de saxofones.

Dos son las obras con cinta que incluye el disco. La afinidad de Carlos Silva con el jazz es evidente no sólo en Entorno II (1997) sino que también en otras de sus composiciones. En este caso, en un único movimiento y sobre la cinta concebida para percusión, el saxofón soprano canta rapsódicamente, haciendo gala de su amplia posibilidad melódica y rítmica. Mario Mora, por su parte, en Sax (1995) pone al saxofón alto en un contexto más experimental. Aquí éste se afiata a una cinta elaborada en base a sonidos del propio instrumento y su posterior procesamiento.

Escritas con un objetivo diferente al de la obras anteriores son las Siete Estudiantinas (1996) para saxofón alto de Gabriel Matthey. Estas corresponden a una selección de la serie de doce pequeñas piezas didácticas, estrenadas por Villafruela. Concebidas por Matthey para abordar un problema técnico específico, cada micropieza lleva un título en mapudúngún (lengua mapuche) que corresponde al de un numero. Matthey comenzó con sus Estudiantinas en 1989, alcanzando un total de nueve hasta el año 2001. Manteniendo su finalidad, los medios que ha trabajado hasta ahora, además del saxofón, son: piano, arpa, contrabajo, viola y diversas combinaciones instrumentales.

La adecuada selección musical que conforma esta producción "en concierto"- que incluso contiene aplausos- es una iniciativa que resulta doblemente beneficiosa para nuestro medio. Por una parte, rescata repertorio que con frecuencia se interpreta por una única vez públicamente y, por otra, como es este caso, permite dar a conocer el trabajo y profesionalismo de los intérpretes nacionales, cuyo compromiso con la creación contemporánea cada vez es mayor.

Ilustrativo py complementario a la audición resulta el folleto que acompaña al CD, elaborado por F. García. Contiene notas biográficas de Miguel Villafruela y una síntesis de la producción nacional para saxofón, a través de la cual es posible apreciar su incremento desde la llegada de este maestro. Junto con proporcionar antecedentes de los creadores, entrega un condensado análisis de cada obra.El disco Secuencias se concretó gracias al proyecto "Crear, Registrar y Editar en CD obras originales para saxofón y percusión de compositores chilenos", financiado por el Departamento de Investigación y Desarrollo de la Universidad de Chile. En este caso, el profesor Villafruela invitó a participar al percusionista Rodrigo Kanamori, también docente de la Universidad de Chile, y a seis creadores que se sumaron a su iniciativa con música compuesta entre los años 2000 y 2001.

En tres de ellas el auditor podrá percibir vinculaciones entre la tradición musical europea de concierto y la música popular y vernácula latinoamericana. Eduardo Cáceres, en los cuatro movimientos que conforman Orión y los 4 jinetes (2000) establece un constante juego dialéctico entre la música popular, el jazz, la tradición mapuche y técnicas y procedimientos propios de la composición contemporánea, rasgos todos ellos que forman parte de la estética de este compositor. Carlos Zamora, cuya afinidad con el área andina ya conocemos en otras obras, evoca la pentafonía y sonoridad de esta cultura en Tres movimientos para saxofón tenor y percusión (2000). En la tercera composición de este grupo, y como ya lo ha hecho con anterioridad, Fernando Carrasco se vale de su vinculación al folclore latinoamericano y a la música popular para estructurar K.V.C. (2000) (Kanamori, Villafruela, Carrasco), donde el saxo y la marimba se amalgaman de manera creativa.

Repertorio del disco en el cual el auditor no encontrará referentes como los anteriores es Secuencias op. 120 (2001), de Juan Orrego Salas; Trayectoria (2000) de Tomás Lefever; y Vikach I (2000) de Alejandro Guarello. En la primera, escrita para saxofón alto y una nutrida percusión, en un único movimiento Orrego contrasta secciones agitadas con otras más serenas y líricas, explotando las posibilidades de registro y expresividad de los instrumentos. Para Lefever un lírico saxofón alto, tratado rapsódicamente, es el protagonista de un conflicto que elabora en tres movimientos. Completa este grupo Vikach I de Guarello, compuesta para el Encargo Charles Ives y, además, coincidente con la invitación de M. Villafruela a participar en esta producción (de ahí su título: Villafruela/Kanamori/Charles Ives). Escrita en un movimiento, se inicia con una sección rítmica y polifónica que paulatinamente cede paso a una contrastante y atmosférica zona que, a nuestro juicio, en cierta forma recuerda el clima de The Unanswered Question de Ives. Un solo de saxofón, a la manera de una cadenza, retoma el protagonismo que prepara el restablecimiento del contrapunto, para finalizar, casi desvaneciéndose, evocando la segunda parte.

La versatilidad del dúo Villafruela-Kanamori queda al descubierto en esta grabación. Cuidado y oficio en el ámbito interpretativo, así como en la producción general, dan cuenta del positivo resultado del proyecto. El librillo que incluye el CD, atractivamente diseñado y diagramado, se ilustra con abundante material fotográfico e informativo. En esta oportunidad Fernando García proporciona antecedentes sobre el origen del proyecto y rasgos biográficos y de la trayectoria artística de Miguel Villafruela y del percusionista Rodrigo Kanamori. La sección que titula "De la vida musical y los compositores" resulta particularmente interesante para el auditor interesado en este repertorio. En apretada pero certera síntesis, primero expone los principales objetivos y acciones que han guiado el quehacer musical nacional, para luego dar paso a un breve perfil biográfico de cada creador, incluyendo el comentario que ellos mismo efectuaron de su obra.

Saxofones en Latinoamérica, interpretado en su totalidad por el Cuarteto Villafruela, congrega diez obras de las cuales nueve pertenecen a compositores latinoamericanos, que representan a México, Cuba, Venezuela, Argentina y Chile, y una a un francés, Lino Florenzo, incorporado como una muestra de la proyección que la música latinoamericana pueda tener fuera del continente.

La compleja confluencia de culturas que conforman la latinoamericana -la mestiza- se revela en estas composiciones que recurren abiertamente al patrimonio musical popular y folclórico. Ritmos y polirritmias, armonías y melodías características del cha cha chá, el son, el tango, el wapango, el trote, la habanera o la tonada, junto al vals o al ragtime, son tratados en esta especie de antología musical con los procedimientos y el rigor que caracterizan a la música de concierto.

El afiatado conjunto ofrece una interpretación de gran calidad - al igual que lo es el sonido del disco, logrando sacar partido del carácter particular de cada uno de los sones, tonadas, aires o danzas que inspiran las diversas piezas y que, a pesar de la variedad y diversidad, invocan esa gran unidad que identifica a Latinoamérica. Por momentos nos recuerda los mejores tiempos de difusión de la música popular urbana a través del cine, la radio o las grandes orquestas bailables.

Dos cualidades queremos destacar de este CD que, además, a nuestro juicio, constituyen un aporte. Primero, valora un rico universo musical latinoamericano que se entronca con la tradición decimonónica y de comienzos del siglo XX de la así llamada "música de salón", raramente apreciada y aceptada por la academia (como no sea a modo de humorada). Segundo, renueva el compromiso de los intérpretes en la difusión de un repertorio que, a pesar de ser prolífero y en numerosos casos de gran oficio compositivo, en contadas ocasiones se encuentra disponible en grabaciones o formando parte habitual de un programa de conciertos.

La trayectoria artística así como el repertorio del Cuarteto Villafruela se encuentran reseñados en el texto que acompaña al fonograma, junto con la acertada nota que introduce F. García en torno al mestizaje musical latinoamericano y sobre los compositores y las obras. Esto último de gran utilidad, toda vez que se trata de músicos desconocidos en el ámbito de los conciertos públicos nacionales.

No queremos finalizar esta reseña sin antes aprovechar la oportunidad para señalar que una vez más la capacidad de autogestión de un músico, en este caso del profesor Miguel Villafruela, es la que permite que el repertorio nacional y latinoamericano sea registrado. Esto deja en evidencia la orfandad de sellos y mecanismos de apoyo a la creación contemporánea que no sean los salvadores FONDART e instancias universitarias, ambos desgraciadamente insuficientes tanto para cubrir las reales necesidades del medio musical como para atender una adecuada distribución en el país y en el extranjero.

Congratulamos verdaderamente esta iniciativa y mantenemos la esperanza que otros (y muchos) intérpretes se aventuren en proyectos similares.


Artículo preparado por Carmen Peña
Revista Resonancias, No 7; páginas 78 a la 83
(Cortesía Revista Resonancias)
Instituto de Música Pontificia Universidad Católica de Chile